lunes, 18 de diciembre de 2017

Memento mori

Suena la alarma del despertador. El ruido inunda todo el dormitorio, haciéndolo suyo. Desgarra la tranquilid­­ad de la noche, como un animal hambriento, y carcome la perfecta armonía del sueño. Parpadeo un par de veces, sin apartar la mirada de la perfección del blanco techo, de fondo, el sonido sigue apropiándose de mis sueños.

Hago mi rutina matutina. Aseo, vestidor, cocina. En el último de los sitios me encuentro a Jack. Está viendo las noticias como si a alguno de los dos nos importara lo que pase en el mundo. Entonces ahí está… La voz de la presentadora asustada, dando una noticia por fin real.
“Han muerto más de 15.000 personas y el virus sigue propagándose sin solución. Los gobiernos de más de 150 países han firmado un acuerdo en Bruselas esta misma mañana para confirmar el estado de emergencia y expertos de todo el mundo están ahora reunidos para buscar una cura, conectamos con Emma Smith desde Bruselas…”

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Con mi café humeante en la mano miro a Jack, su perfecta nuca en la que caen cabellos dorados como cascadas. Su fuerte complexión atlética sumida en una lenta respiración…parece estar dormido. Alzo mi mano para recordarle que, aunque la gente muera, el mundo sigue. Casi puedo tocar su cabello, sentir su piel bajo las yemas de mis dedos, y entonces…se gira. Ojos rojos. Café en el suelo. Cristales rotos. Sangre.

Memento mori. Recuerda que morirás.

jueves, 30 de noviembre de 2017

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“El éxito del hombre será su condena”





Abrí los ojos, recordando que aún podía hacerlo. Sentí renacer mientras mi respiración hacía convulsionar todo mi cuerpo, atrapado e inmóvil. Un líquido viscoso y caliente salió de mi boca entreabierta, dos gotas de sangre recorrieron la comisura de mis labios como lágrimas, surcando la anatomía de mi rostro hasta despedirse para siempre en el infinito de mi barbilla.

Observé a mí alrededor intentando dar sentido a mí situación pero todo se diluía en un mar de confusión. La oscuridad carcomía la realidad hasta transformarla en un cuadro impresionista lleno de borrosas formas. Intenté, en vano, mover mi cuerpo para descubrir que estaba atrapada…pero ¿qué era aquella masa homogénea de pútridos restos que me aplastaba?


Fue ese preciso instante cuando recordé absolutamente todo y lloré en silencio, escondida en aquella pila de cadáveres, mientras rezaba parar morir más rápido hasta que un grito ensordecedor rasgó la noche. Ya era tarde para mí, ya estaba en el infierno.