Suena la alarma del despertador. El ruido inunda todo el
dormitorio, haciéndolo suyo. Desgarra la tranquilidad de la noche, como un
animal hambriento, y carcome la perfecta armonía del sueño. Parpadeo un par de
veces, sin apartar la mirada de la perfección del blanco techo, de fondo, el
sonido sigue apropiándose de mis sueños.
Hago mi rutina matutina. Aseo, vestidor, cocina. En el
último de los sitios me encuentro a Jack. Está viendo las noticias como si a
alguno de los dos nos importara lo que pase en el mundo. Entonces ahí está… La
voz de la presentadora asustada, dando una noticia por fin real.
“Han muerto más de 15.000 personas y el virus sigue propagándose sin solución. Los gobiernos de más de 150 países han firmado un acuerdo en Bruselas esta misma mañana para confirmar el estado de emergencia y expertos de todo el mundo están ahora reunidos para buscar una cura, conectamos con Emma Smith desde Bruselas…”
“Han muerto más de 15.000 personas y el virus sigue propagándose sin solución. Los gobiernos de más de 150 países han firmado un acuerdo en Bruselas esta misma mañana para confirmar el estado de emergencia y expertos de todo el mundo están ahora reunidos para buscar una cura, conectamos con Emma Smith desde Bruselas…”
Con mi café humeante en la mano miro a Jack, su perfecta
nuca en la que caen cabellos dorados como cascadas. Su fuerte complexión
atlética sumida en una lenta respiración…parece estar dormido. Alzo mi mano
para recordarle que, aunque la gente muera, el mundo sigue. Casi puedo tocar su
cabello, sentir su piel bajo las yemas de mis dedos, y entonces…se gira. Ojos
rojos. Café en el suelo. Cristales rotos. Sangre.