jueves, 30 de noviembre de 2017

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“El éxito del hombre será su condena”





Abrí los ojos, recordando que aún podía hacerlo. Sentí renacer mientras mi respiración hacía convulsionar todo mi cuerpo, atrapado e inmóvil. Un líquido viscoso y caliente salió de mi boca entreabierta, dos gotas de sangre recorrieron la comisura de mis labios como lágrimas, surcando la anatomía de mi rostro hasta despedirse para siempre en el infinito de mi barbilla.

Observé a mí alrededor intentando dar sentido a mí situación pero todo se diluía en un mar de confusión. La oscuridad carcomía la realidad hasta transformarla en un cuadro impresionista lleno de borrosas formas. Intenté, en vano, mover mi cuerpo para descubrir que estaba atrapada…pero ¿qué era aquella masa homogénea de pútridos restos que me aplastaba?


Fue ese preciso instante cuando recordé absolutamente todo y lloré en silencio, escondida en aquella pila de cadáveres, mientras rezaba parar morir más rápido hasta que un grito ensordecedor rasgó la noche. Ya era tarde para mí, ya estaba en el infierno.

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